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11
May

Cómo calcular los requerimientos de nutrientes del cultivo

Un programa de fertilización se desvía mucho antes de que aparezcan síntomas en el campo. Para cuando se ven hojas amarillas, crecimiento débil o un dosel irregular, el potencial de rendimiento ya suele haber bajado. Por eso, saber cómo calcular los requerimientos de nutrientes del cultivo no es un trámite. Además, es una habilidad clave de manejo que afecta rendimiento, calidad, eficiencia de insumos y riesgo.

El cálculo, en principio, es sencillo. Sin embargo, una buena planificación de nutrientes depende de usar supuestos correctos. La demanda del cultivo, el aporte del suelo y la calidad del agua de riego interactúan. Asimismo, la eficiencia de recuperación y el rendimiento objetivo también influyen. Si una de esas piezas falla, la recomendación final puede ser demasiado alta, demasiado baja o mal programada.

Cómo calcular los requerimientos de nutrientes del cultivo paso a paso

A nivel de campo, el requerimiento de nutrientes del cultivo no es solo la cantidad de fertilizante a aplicar. Por lo tanto, equivale a la demanda total del cultivo menos lo que el lote ya aporta. Además, ajuste el resultado por la eficiencia de recuperación.

Por ejemplo, una forma práctica de expresarlo es:

Por consiguiente, Nutriente de fertilizante necesario = Demanda de nutrientes del cultivo – Suministro de nutrientes del suelo y agua / Eficiencia esperada de uso de nutrientes

En la planificación real de la finca, conviene pensar por etapas y no confiar en una sola ecuación. En primer lugar, defina el cultivo y el rendimiento objetivo. Luego estime la absorción o extracción total de nutrientes. Después, considere los aportes del suelo, el agua de riego, las enmiendas orgánicas y los residuos del cultivo previo. Finalmente, ajuste por eficiencia de recuperación y por el método de aplicación.

Paso 1: Definir un objetivo de rendimiento realista

En primer lugar, todo empieza con el objetivo de rendimiento. Por eso, si el objetivo es irreal, el plan de nutrientes también fallará. Un objetivo basado en la mejor cosecha de una temporada excepcional suele llevar a sobre-fertilizar. En cambio, un objetivo basado en un año flojo puede subalimentar un lote con alto potencial.

La mejor estrategia es usar el historial reciente del lote y el potencial del cultivar. También considere la fecha de siembra, el clima y la capacidad de riego. Asimismo, tenga en cuenta el nivel de manejo. Por lo tanto, para operaciones comerciales, un objetivo realista suele ser un rendimiento de alta probabilidad bajo buen manejo. No es un máximo teórico.

Por ejemplo, si un lote de maíz produjo 185–210 bushels por acre bajo riego, hay base suficiente. Por lo tanto, fijar un objetivo de 200 bushels puede ser razonable. Si el riego es limitado o la siembra es tardía, conviene bajar ese objetivo. No obstante, las recomendaciones que ignoran estos límites prácticos suelen desperdiciar dinero.

Paso 2: Estimar la demanda total de nutrientes del cultivo

Una vez definido el objetivo de rendimiento, estime cuánto nitrógeno, fósforo y potasio necesita el cultivo. Además, considere otros nutrientes para alcanzar esa meta. Esto puede basarse en valores publicados de absorción, coeficientes de extracción o datos locales de investigación.

Existe una diferencia importante. Algunos cultivos se fertilizan según la absorción total. En cambio, otros se manejan en torno a la extracción en la parte cosechada. Asimismo, se agrega un margen por eficiencia en campo. El enfoque correcto depende del nutriente y del sistema de cultivo.

El nitrógeno exige la mayor atención porque es muy dinámico en el suelo. Para N, muchos agrónomos estiman la demanda total del cultivo y no solo la extracción cosechada. Por otro lado, muchos técnicos evalúan fósforo y potasio con tasas de extracción. También usan la interpretación del análisis de suelo, especialmente en cultivos anuales en hileras. Asimismo, en frutales, hortalizas y sistemas perennes, las curvas de absorción por etapa resultan más útiles. En resumen, superan a los simples números de extracción.

Supongamos que un cultivo extrae 0,8 libras de P2O5 y 1,1 libras de K2O por unidad de rendimiento cosechado. Si el objetivo es 10 unidades, la extracción estimada es de 8 libras de P2O5 y 11 libras de K2O. No obstante, si los datos locales muestran una absorción estacional mayor que la extracción, ajuste el plan. Por consiguiente, incluya el nutriente que permanece en la biomasa vegetativa.

Paso 3: Medir lo que el suelo ya puede aportar

Aquí es donde empiezan muchos errores. El requerimiento del cultivo no equivale al requerimiento de fertilizante, porque el suelo ya aporta nutrientes. El análisis de suelo resulta esencial para fósforo, potasio, calcio y magnesio. Además, en algunas situaciones evalúe azufre y micronutrientes. Asimismo, evalúe pH, salinidad y otras condiciones que afectan la disponibilidad.

De hecho, para el nitrógeno, el panorama es más complejo. Un análisis de suelo estándar no siempre predice bien el suministro total de N de la temporada. Esto ocurre porque la mineralización, el lixiviado, el riego, la descomposición de residuos y la temperatura influyen en la disponibilidad. En algunos sistemas, el nitrato pre-siembra o el análisis foliar en temporada resultan más confiables. Por otro lado, herramientas locales de balance de N también superan a una sola muestra de suelo.

La materia orgánica del suelo también importa, pero no debe tratarse como un crédito de fertilizante preciso sin calibración local. Un lote con materia orgánica moderada puede mineralizar una cantidad útil de nitrógeno. Aunque la contribución exacta depende de humedad, temperatura, aireación y actividad biológica. Por eso, el mismo lote puede comportarse de forma distinta entre temporadas.

Cómo calcular los requerimientos de nutrientes del cultivo con todas las fuentes incluidas

Además, un cálculo sólido incluye toda fuente significativa de nutrientes, no solo el fertilizante en bolsa. Eso significa agua de riego, estiércol, compost, biosólidos y créditos por residuos de cultivo cuando corresponda.

Sin embargo, muchos productores pasan por alto el agua de riego, especialmente para nitrato, calcio, magnesio y azufre. En sistemas con alto volumen de riego, el aporte de nutrientes del agua puede ser agronómicamente significativo. Por ejemplo, si una fuente de agua contiene 10 ppm de nitrato-nitrógeno, téngalo en cuenta. Asimismo, si el riego estacional es importante, incluya ese nitrógeno en el balance.

Las enmiendas orgánicas también pueden aportar nutrientes en grandes cantidades, pero su disponibilidad rara vez es inmediata o completa. El contenido total de nutrientes no equivale a nutriente disponible para la planta en la temporada actual. Para estiércol y compost, la disponibilidad depende de la fuente y del contenido de humedad. Además, influyen la relación carbono:nitrógeno, el momento de aplicación y la incorporación. Por consiguiente, las estimaciones conservadoras suelen ser más confiables que asumir una liberación completa.

Los residuos del cultivo previo pueden aportar nitrógeno, en particular después de leguminosas. Por otro lado, el crédito real depende de la biomasa, el manejo del residuo y las condiciones de descomposición. Un crédito genérico sin contexto específico de campo puede desorientar la planificación de fertilización.

Paso 4: Ajustar por eficiencia de uso de nutrientes

Tras estimar la demanda del cultivo y restar el aporte del lote, ajuste por eficiencia de uso de nutrientes. De hecho, esta es una de las partes más importantes y más olvidadas del cálculo.

Si el cultivo necesita 100 libras de nitrógeno disponible del fertilizante, eso no significa aplicar 100 libras de N. Por ejemplo, si el cultivo recuperará solo el 70% del N aplicado, ajuste la dosis. Asimismo, pérdidas por tiempo, lixiviación, desnitrificación o volatilización reducen la recuperación.

Además, el mismo principio aplica a fósforo y potasio, aunque los mecanismos difieren. Por lo tanto, la colocación en banda del fósforo suele mejorar su disponibilidad temprana en suelos fríos. También, las aplicaciones fraccionadas de nitrógeno pueden mejorar la recuperación frente a una dosis única de presiembra. La fertirrigación puede elevar la eficiencia cuando la programación se alinea con la demanda del cultivo y la actividad radicular.

La eficiencia depende de la fuente y de la colocación. Asimismo, influyen el momento, la uniformidad de riego, la textura del suelo, la sanidad radicular y el clima. No existe un valor universal de eficiencia que sirva para todos los lotes. Por ejemplo, un cultivo hortícola bien manejado con goteo y fertirrigación recupera nutrientes con mucha más eficiencia. Por otro lado, un campo extensivo con fertilizante superficial antes de lluvias fuertes pierde más.

Paso 5: Alinear el suministro con el momento de absorción del cultivo

Un total estacional correcto aún puede fallar si aplicamos los nutrientes en el momento equivocado. Los cultivos no absorben nutrientes de manera uniforme desde la siembra hasta la cosecha. Por eso, la demanda sube con fuerza en etapas específicas de crecimiento, y la disponibilidad debe alinearse con ese patrón.

El nitrógeno y el potasio son especialmente sensibles al momento en muchos cultivos. Demasiado temprano puede aumentar pérdidas y un crecimiento vegetativo excesivo. En cambio, muy poco durante el pico de demanda puede reducir rendimiento o calidad. Aunque el total estacional parezca suficiente en el papel.

Por eso, los cálculos de requerimientos deben conducir a un programa, no solo a un número. El total anual debe dividirse en aplicaciones que reflejen la etapa de crecimiento. Asimismo, considere la profundidad radicular, la capacidad de riego y el acceso al lote. Finalmente, en cultivos perennes, también considere las reservas y la nutrición poscosecha.

Un ejemplo simple del cálculo

Supongamos que un lote de tomate requiere 180 libras de nitrógeno por acre en la temporada. La evaluación de suelo y agua de presiembra sugiere que el lote aportará 40 libras de N disponible. Por lo tanto, quedan 140 libras que el fertilizante debe proporcionar.

Si el método de aplicación y el campo ofrecen 80% de eficiencia de uso de N, ajuste el cálculo. En consecuencia, el N del fertilizante es 140 dividido por 0,80, es decir, 175 libras de N por acre.

Eso no significa aplicar 175 libras en la siembra. Significa diseñar un programa estacional para entregar esa cantidad con aplicaciones bien programadas. Asimismo, realice ajustes basados en el monitoreo en temporada.

Errores comunes al calcular los requerimientos de nutrientes del cultivo

El error más común es tratar las recomendaciones publicadas de fertilización como reglas fijas. Las tablas de referencia son un buen punto de partida. No obstante, no reemplazan los análisis de suelo, las condiciones locales ni el historial del lote.

Otro problema común es confundir la forma del nutriente con la cantidad de nutriente. Un productor puede conocer la dosis de producto por acre, pero no los kilos reales de nutriente entregados. Por consiguiente, esto se vuelve riesgoso al comparar fuentes o al combinar materiales secos y líquidos.

Ignorar pH, salinidad, estrés radicular o mala uniformidad de riego es otro problema mayor. Un plan de nutrientes matemáticamente correcto aún puede rendir mal cuando las condiciones de campo reducen la absorción. Por lo tanto, interprete siempre los cálculos en el contexto de la salud del cultivo y de la zona radicular.

Finalmente, muchos programas fallan porque no se actualizan en temporada. La planificación debe empezar antes de la siembra, pero no debe terminar ahí. También, el análisis foliar y, en algunas especies, el análisis de pecíolo ayudan a afinar el programa. Igualmente, las observaciones de crecimiento y las expectativas de rendimiento revisadas aportan ajustes útiles. Aquí, una interpretación agronómica imparcial importa más que las recomendaciones genéricas.

Los mejores planes de nutrición no son los más agresivos. Son los más precisos. Cuando calcula los requerimientos desde objetivos realistas, mejora la calidad de las decisiones. Además, los datos verificados de suelo y agua ayudan. Igualmente, supuestos de eficiencia específicos del lote vuelven la fertilización más precisa y defendible. En resumen, una mejor nutrición sostiene rendimientos más altos, mayor eficiencia de insumos y decisiones agronómicas más seguras en el campo.

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